Embassy: el salón de té de Madrid que escondió espías y fugitivos
Hoy, el número 12 del paseo de la Castellana parece simplemente otra dirección más en una de las grandes avenidas de Madrid. La gente pasa frente a su fachada, entra en sus restaurantes o camina hacia el cercano barrio de Salamanca sin imaginar que este lugar fue uno de los escenarios de la guerra secreta que se libró en España durante la Segunda Guerra Mundial.
Aquí estuvo Embassy, un elegante salón de té en el que llegaron a coincidir aristócratas, diplomáticos, agentes británicos, personas relacionadas con los servicios alemanes y fugitivos que intentaban escapar de la Europa ocupada por los nazis.
Una historia de espionaje, operaciones clandestinas y ayuda humanitaria ocurrida en pleno centro de Madrid.
El nacimiento de Embassy
Embassy abrió sus puertas en 1931 de la mano de Margarita Kearney Taylor, una mujer irlandesa que trasladó a Madrid el concepto de los elegantes salones de té que había conocido en ciudades como Londres y París.
El establecimiento ofrecía algo diferente a los cafés tradicionales de la capital. Era un espacio refinado e internacional en el que podían encontrarse diplomáticos, empresarios, miembros de la aristocracia y mujeres de la alta sociedad madrileña.
Su ubicación tampoco era casual. El paseo de la Castellana concentraba numerosas delegaciones diplomáticas, residencias oficiales y viviendas frecuentadas por ciudadanos extranjeros. Embassy permaneció en esta dirección durante 86 años, desde su apertura en 1931 hasta su cierre en 2017.
Pero la clientela internacional que inicialmente daba prestigio al negocio acabaría convirtiendo el salón de té en un punto ideal para mantener reuniones discretas.
Madrid se convierte en una ciudad de espías
Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial en 1939, España acababa de salir de su propia Guerra Civil.
El régimen de Francisco Franco no entró oficialmente en el conflicto, pero mantenía una estrecha relación con la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. Esta situación convirtió al país en un territorio fundamental para los servicios de inteligencia de ambos bandos.
Madrid se llenó de diplomáticos, informadores, agentes secretos, empresarios utilizados como intermediarios y personas que trabajaban para distintas embajadas.
Británicos y alemanes se vigilaban mutuamente. Los primeros intentaban evitar que España entrase en la guerra junto al Eje, mientras Alemania aprovechaba el territorio español para desarrollar redes de espionaje, propaganda e información militar.
Dentro de aquel Madrid de apariencias y sospechas, Embassy ofrecía la tapadera perfecta.
No era un oscuro sótano con documentos secretos sobre una mesa. Era un salón elegante, concurrido y aparentemente inocente. Cualquiera podía entrar diciendo que simplemente quería tomar un té o mantener una reunión de negocios.

Espías tomando el té en la Castellana
Embassy se convirtió en lugar de encuentro de diplomáticos y colaboradores relacionados con los servicios secretos británicos.
En sus mesas podían coincidir personas vinculadas a distintas embajadas sin saber exactamente para quién trabajaba el cliente situado a pocos metros. El propio carácter público del establecimiento facilitaba las conversaciones discretas: una reunión entre dos agentes podía parecer una comida cualquiera.
Décadas después, la propietaria y varios de sus colaboradores aparecerían vinculados a una red clandestina que ayudaba a personas perseguidas por el Tercer Reich.
El salón no era solamente un punto de reunión. Según la investigación realizada por Patricia Martínez de Vicente, hija de uno de los integrantes de la red, algunos fugitivos fueron acogidos en las viviendas de sus colaboradores antes de continuar el viaje hacia Portugal o Gibraltar.
Eduardo Martínez Alonso, el médico de la red
Uno de los personajes fundamentales de esta historia fue Eduardo Martínez Alonso, médico español y asesor sanitario de la Embajada británica en Madrid.
Su profesión le permitía acceder a personas detenidas o internadas y emitir informes médicos que podían facilitar su traslado. Por sus conocimientos de idiomas, sus contactos y su vinculación con el Reino Unido, acabó participando activamente en una trama para sacar de España a fugitivos procedentes de la Europa ocupada.
Martínez Alonso llegó a convertirse en uno de los responsables de una operación destinada a trasladar clandestinamente a refugiados a través de una España cuyo régimen simpatizaba con las potencias del Eje. También recibió preparación para trabajar como agente encubierto en caso de que Franco decidiera entrar en la guerra.
Junto a otros colaboradores, ayudaba a proporcionar alojamiento, asistencia médica y medios de transporte a quienes habían conseguido atravesar los Pirineos.
Algunos continuaban hacia Gibraltar. Otros viajaban hacia Portugal, desde donde podían embarcar hacia territorios controlados por los aliados.
Una red que trabajaba a espaldas del régimen
La operación tenía que realizarse con enorme discreción.
Las personas que llegaban a España podían ser detenidas por las autoridades franquistas y trasladadas a centros de internamiento. Liberarlas o transportarlas sin autorización implicaba actuar a espaldas del Gobierno y evitar tanto a la policía española como a los agentes alemanes desplegados en el país.
Los integrantes de la red acogían fugitivos en sus propias casas, les conseguían documentación y utilizaban vehículos vinculados a la Embajada británica para superar controles con mayor facilidad.
Margarita Taylor convirtió Embassy en punto de contacto para aquel pequeño grupo de colaboradores. Una investigación recogida por El País describe una red formada aproximadamente por una docena de personas, muchas de ellas extranjeras, que alojaban en sus viviendas a perseguidos por el Tercer Reich.
Esta dimensión humana es, probablemente, la parte más importante de la historia. Embassy no fue únicamente un lugar pintoresco frecuentado por espías. También estuvo relacionado con personas que asumieron riesgos reales para ayudar a desconocidos a escapar.

¿Cuántas personas fueron salvadas?
Algunos relatos sobre Embassy hablan de decenas de miles de refugiados. Sin embargo, esa cifra no debe interpretarse como el número de personas escondidas directamente en el salón de té.
Las rutas de evasión británicas atravesaron diferentes ciudades, fronteras y puntos de apoyo de toda la península. No es posible determinar con precisión cuántos fugitivos pasaron personalmente por Embassy o recibieron ayuda directa de sus responsables.
En una sesión del Ayuntamiento de Madrid se describió a Eduardo Martínez Alonso como líder de una red clandestina instalada en Embassy que permitió salvar a centenares de judíos. Otras fuentes populares manejan cifras mucho mayores, pero referidas al conjunto de las redes de evacuación y no exclusivamente a este establecimiento.
Lo importante no es inflar la cifra, sino reconocer que la existencia de la red y la participación de Embassy están documentadas.
El final del salón de té
Embassy sobrevivió a la Guerra Civil, a la Segunda Guerra Mundial, a la dictadura franquista y a numerosos cambios sociales en Madrid.
Con el paso del tiempo recuperó su imagen de cafetería elegante y restaurante clásico. Durante décadas fue conocido por sus pasteles, sus sándwiches de pepino y su clientela habitual, mientras su pasado clandestino permanecía prácticamente olvidado.
En marzo de 2017, después de 86 años de actividad en el paseo de la Castellana, el establecimiento cerró sus puertas.
Hoy funciona otro negocio en el mismo edificio y apenas queda rastro visible de aquel salón de té. No hay agentes secretos sentados junto a las ventanas ni vehículos diplomáticos esperando en la puerta.
Pero el lugar continúa existiendo.
Y saber lo que ocurrió transforma por completo la manera de mirarlo.
Historias desde el lugar
Embassy es el primer episodio de Historias desde el lugar, una serie de Alfon Explora en la que visitaremos escenarios reales de Madrid y otros lugares para reconstruir las historias que ocurrieron allí.
No hace falta que un edificio sea espectacular ni que conserve perfectamente su aspecto original.
A veces, una fachada aparentemente normal esconde una historia de diplomáticos, espías, fugitivos y personas que arriesgaron su seguridad para salvar la vida de otros.
Y eso ocurrió aquí, en el número 12 del paseo de la Castellana.
¿Conocías la historia del salón de té Embassy? Puedes ver el reportaje completo en el vídeo y suscribirte a Alfon Explora para acompañarme en los próximos episodios de Historias desde el lugar.