Bougainville: el próximo país del mundo podría nacer en 2030

¿Cuál será el próximo país en aparecer en el mapa? En unas islas poco conocidas del Pacífico, el 97,7 % de la población ya votó por independizarse. Sin embargo, Bougainville todavía pertenece a Papúa Nueva Guinea y su nacimiento como Estado continúa dependiendo de una complicada decisión política.

Dónde está Bougainville

Bougainville es una región autónoma situada al este de la gran isla de Nueva Guinea. Su territorio está formado principalmente por las islas de Bougainville y Buka, acompañadas por numerosas islas menores.

Aunque políticamente forma parte de Papúa Nueva Guinea, geográficamente pertenece al archipiélago de las Islas Salomón. De hecho, se encuentra mucho más cerca del actual Estado de las Islas Salomón que de buena parte del territorio papú.

Esta separación entre la geografía y la política no es casual. Es el resultado del reparto colonial del Pacífico realizado por las potencias europeas durante el siglo XIX.

Alemania controló Bougainville y Buka como parte de la Nueva Guinea alemana, mientras que Reino Unido administró otras islas del mismo archipiélago. Australia ocupó los territorios alemanes durante la Primera Guerra Mundial y continuó administrándolos hasta la independencia de Papúa Nueva Guinea en 1975. Bougainville quedó entonces incluida dentro del nuevo Estado.

Sin embargo, una parte importante de la población de Bougainville no se sentía cultural ni políticamente integrada en Papúa Nueva Guinea. Poco antes de la independencia papú ya se produjo un intento de proclamar una república separada, aunque no obtuvo reconocimiento internacional.

Aquella reclamación no desapareció. Y la apertura de una gigantesca explotación minera terminó convirtiéndola en un conflicto armado.

Panguna: la mina que transformó la isla

Durante la década de 1960 se descubrieron importantes depósitos de cobre y oro en la zona de Panguna, en el interior de Bougainville.

La explotación a gran escala comenzó a comienzos de los años setenta. Durante los años siguientes, Panguna se convirtió en una de las mayores minas de cobre a cielo abierto del mundo y en una fuente fundamental de ingresos para Papúa Nueva Guinea.

La mina generaba empleo, exportaciones e importantes beneficios económicos. Pero una parte de la población local consideraba que la riqueza salía de la isla mientras las comunidades de Bougainville asumían las consecuencias.

La ocupación de tierras, el reparto de compensaciones, la llegada de trabajadores procedentes de otras regiones y los daños ambientales provocaron un creciente rechazo. Para numerosas comunidades, Panguna se convirtió en el símbolo de un territorio explotado desde fuera.

El desacuerdo no se reducía únicamente al dinero. En Bougainville, buena parte de la tierra se organiza mediante sistemas tradicionales de propiedad comunitaria. La transformación de montañas, ríos y zonas agrícolas afectaba directamente a la estructura económica y cultural de sus habitantes.

A finales de 1988 comenzaron los sabotajes contra las instalaciones de Panguna. La mina cerró definitivamente en 1989, pero para entonces la disputa había evolucionado hasta convertirse en una rebelión contra el Gobierno de Papúa Nueva Guinea.

La guerra de Bougainville

De las protestas contra la mina surgió el Ejército Revolucionario de Bougainville, conocido como BRA por sus siglas en inglés.

El Gobierno de Papúa Nueva Guinea respondió desplegando sus fuerzas armadas. El enfrentamiento se extendió durante casi una década y adquirió una enorme complejidad: no solo combatieron el Ejército papú y los independentistas, sino también diferentes grupos y milicias locales.

Papúa Nueva Guinea estableció un bloqueo que restringió la llegada de combustible, alimentos y medicamentos. La destrucción de infraestructuras y el colapso de los servicios sanitarios agravaron enormemente las consecuencias del conflicto.

Una investigación del Parlamento de Australia estimó que murieron entre 10.000 y 15.000 civiles, tanto por los combates como por enfermedades y privaciones. Otras estimaciones elevan el balance total hasta aproximadamente 20.000 víctimas.

La guerra devastó Bougainville y destruyó buena parte de su economía. También demostró que ninguna de las partes podía alcanzar fácilmente sus objetivos mediante la fuerza.

El momento decisivo llegó en 1997, cuando el Gobierno de Papúa Nueva Guinea contrató a la empresa militar privada Sandline International para intervenir en Bougainville.

El plan incluía el empleo de mercenarios extranjeros, la eliminación de los principales dirigentes rebeldes y la recuperación de Panguna. Sin embargo, el comandante del Ejército papú, Jerry Singirok, se opuso a la operación.

La crisis provocó detenciones, protestas y un enfrentamiento abierto entre las Fuerzas Armadas y el Gobierno. El proyecto terminó fracasando antes de ponerse en marcha y dejó prácticamente descartada la posibilidad de resolver militarmente el conflicto.

La negociación se convirtió entonces en la única salida posible.

El acuerdo que prometió un referéndum

Las conversaciones de paz avanzaron durante los últimos años de la década de 1990. Nueva Zelanda acogió varias reuniones entre las facciones enfrentadas y diferentes países del Pacífico participaron posteriormente en una misión regional para supervisar la tregua.

El 30 de agosto de 2001 se firmó finalmente el Acuerdo de Paz de Bougainville.

El documento se apoyaba en tres grandes pilares: el desarme, la creación de una autonomía política para Bougainville y la celebración de un referéndum sobre su futuro.

La posibilidad de votar por la independencia quedó recogida expresamente dentro del acuerdo. Sin embargo, también se estableció que el resultado tendría que ser objeto de consultas y de una decisión posterior del Parlamento de Papúa Nueva Guinea.

En 2005 comenzó a funcionar el Gobierno Autónomo de Bougainville. La región obtuvo instituciones propias y la capacidad de asumir progresivamente numerosas competencias.

Pero el elemento más importante seguía pendiente: la población todavía debía decidir si quería mantener una autonomía ampliada o separarse completamente de Papúa Nueva Guinea.

El 97,7 % votó por la independencia

El referéndum se celebró entre noviembre y diciembre de 2019 bajo la supervisión de la Comisión del Referéndum de Bougainville, presidida por el antiguo primer ministro irlandés Bertie Ahern.

Los votantes pudieron elegir entre dos opciones: una autonomía ampliada dentro de Papúa Nueva Guinea o la independencia completa.

El resultado fue extraordinariamente contundente.

De los 181.067 votos emitidos, 176.928 apoyaron la independencia. Solo 3.043 personas escogieron la autonomía ampliada.

El 97,7 % de los participantes votó por crear un Estado separado. Los observadores internacionales describieron el proceso como creíble, transparente e inclusivo.

Sin embargo, Bougainville no se convirtió en un país al día siguiente.

El referéndum expresaba la voluntad de su población, pero no concedía automáticamente la independencia. El acuerdo de paz reservaba al Parlamento nacional la decisión definitiva.

Esta diferencia explica por qué, varios años después de la votación, Bougainville sigue apareciendo en los mapas como parte de Papúa Nueva Guinea.

Por qué Papúa Nueva Guinea no acepta inmediatamente el resultado

Para Papúa Nueva Guinea, la independencia de Bougainville implicaría perder territorio, recursos naturales y una parte importante de su espacio marítimo.

También podría crear un precedente. Papúa Nueva Guinea es uno de los países con mayor diversidad cultural y lingüística del mundo, y su Gobierno teme que la separación de Bougainville anime a otras regiones a plantear reivindicaciones semejantes.

Port Moresby también cuestiona la preparación económica e institucional de la región.

El Gobierno autónomo obtiene todavía una parte reducida de su presupuesto mediante ingresos propios y depende ampliamente de transferencias procedentes del Gobierno nacional y de la cooperación internacional.

El primer ministro papú, James Marape, ha insistido en que deben abordarse cuestiones como la sostenibilidad económica, el funcionamiento de las instituciones, la seguridad y el desarme antes de completar cualquier transición.

Desde Bougainville se responde que la falta de autosuficiencia no puede utilizarse para aplazar indefinidamente un resultado democrático tan contundente.

Existen numerosos Estados pequeños que necesitan cooperación internacional, importaciones y acuerdos económicos con sus vecinos. La verdadera cuestión no es únicamente si Bougainville puede sobrevivir como país, sino cómo financiaría sus instituciones durante los primeros años.

Y esa pregunta vuelve a conducir hasta Panguna.

La paradoja de reabrir Panguna

Bougainville dispone de cacao, pesca, tierras fértiles, posibilidades turísticas y valiosos recursos minerales. Sin embargo, ninguna actividad ofrece a corto plazo un potencial económico comparable al de la antigua mina.

Panguna podría proporcionar exportaciones, impuestos, empleo e inversiones suficientes para financiar parte de la construcción del nuevo Estado.

Pero su reapertura contiene una enorme contradicción.

La mina que contribuyó a provocar la guerra podría convertirse ahora en el instrumento necesario para pagar la independencia conseguida después de aquella guerra.

Las instalaciones llevan abandonadas desde 1989 y su recuperación exigiría una inversión de miles de millones. Además, siguen pendientes los daños ambientales, los acuerdos con los propietarios tradicionales y el reparto de los futuros beneficios.

Una evaluación publicada en 2024 identificó riesgos graves para las comunidades situadas alrededor de la antigua explotación. Rio Tinto reconoció la gravedad de los impactos señalados y la necesidad de seguir trabajando en su reparación.

También existe una dimensión geopolítica. Empresas y gobiernos extranjeros observan Panguna como una oportunidad estratégica, especialmente por la creciente demanda internacional de cobre.

China, India, Australia y otras potencias del Indo-Pacífico podrían intentar ganar influencia mediante inversiones, ayudas o acuerdos económicos.

Bougainville quiere dejar de depender de Papúa Nueva Guinea, pero corre el riesgo de sustituir esa dependencia por otra relacionada con la potencia o compañía que financie la reconstrucción de Panguna.

Qué debe ocurrir ahora

En junio de 2026, el Parlamento de Papúa Nueva Guinea comenzó a abordar formalmente el resultado del referéndum.

La moción para aceptar la independencia necesita una mayoría absoluta de tres cuartas partes de los parlamentarios, un umbral especialmente difícil de alcanzar. El Gobierno papú ha planteado completar este procedimiento alrededor del 30 de agosto de 2026, coincidiendo con el vigesimoquinto aniversario del acuerdo de paz.

Mientras tanto, el Gobierno Autónomo de Bougainville ha presentado una hoja de ruta dividida en tres etapas.

La primera se extendería hasta el 1 de septiembre de 2027 y estaría dedicada a fortalecer las instituciones, la economía, la seguridad y los servicios públicos.

A partir de esa fecha comenzaría un periodo de autogobierno con el máximo número posible de competencias dentro del marco constitucional actual.

La última etapa culminaría con la independencia en 2030. El Foro de Líderes por la Independencia de Bougainville ha recomendado concretamente el 1 de septiembre de 2030 como fecha para realizar la declaración.

Pero esa fecha representa la posición de Bougainville. Todavía no ha sido aceptada por Papúa Nueva Guinea.

¿Será Bougainville el próximo país del mundo?

Bougainville reúne muchos de los elementos necesarios para convertirse en un Estado: territorio, población, identidad política, instituciones propias y un mandato democrático casi unánime.

Lo que todavía no posee es la aceptación definitiva de Papúa Nueva Guinea ni el reconocimiento internacional.

En caso de conseguir la independencia, tendría que negociar la ciudadanía, la moneda, la defensa, las fronteras marítimas, los recursos naturales, las relaciones comerciales y su posible ingreso en Naciones Unidas.

Si el Parlamento papú rechaza el resultado, ambas partes se enfrentarán a una situación mucho más delicada.

Bougainville ha mantenido su compromiso con una transición pacífica. Sin embargo, prolongar indefinidamente el proceso podría debilitar la confianza en el acuerdo que puso fin a una guerra devastadora.

Por eso, lo que suceda durante los próximos años no afectará solamente a unas islas remotas del Pacífico.

Bougainville plantea una de las preguntas fundamentales de la política internacional: ¿es suficiente que una población vote casi unánimemente por separarse o el nacimiento de un país depende, en último término, de que los demás acepten su existencia?

El 97,7 % de sus votantes ya tomó una decisión.

Ahora falta saber si el 1 de septiembre de 2030 esa decisión se convertirá finalmente en una nueva frontera.

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